Inicio  /  Internet

Teoría de la relatividad virtual


En el “universo paralelo” que han creado los ínter nautas -tal vez sin puntual intención- nada es mas relativo, a la hora de hallar una respuesta satisfactoria relacionada con el verdadero beneficio de Internet.
Así, como si una cosa llevara a la otra, terminamos conviviendo con este integrante virtual de la familia, socio de ideas para los negocios, docente de nuestros hijos, compañero ideal del ocio y hasta promotor de amistades reales que… acaso nunca conoceremos personalmente.
Y la idea no es justamente pintar una figura apocalíptica que condene a este universo, sino llevar la inquietud que genera esta columna: Qué control tenemos sobre Internet?
Es posible que “no” nos supere la evolución en materia de servicios hasta el punto de perder la libertad y la intimidad x completo?

Como decían los padres de mi generación, una cariñosa bofetada a tiempo resuelve problemas futuros. Este viejo axioma casero es aplicable en cierta forma si le quitamos con un poco de voluntad el carácter vetusto, y le damos la dimensión necesaria para, no sólo hacerla extensible a los menores, si no también como un llamado de atención para quienes creen que Internet es la solución a todo inconveniente hogareño o laboral.
Uno no se cansa de percibir ejemplos en el ámbito doméstico de los efectos que pueden resultar nocivos a causa del exceso en el uso de esta herramienta. Inclusive, no falta el suegro que, ante cada comentario sobre cualquier inquietud que uno le comente, recomienda el uso de la red, tal como si fuese una solución mágica similar a la que ofrecían otrora los gitanos que recorrían pueblos con bálsamos y placebos que al aplicarlos terminaban con las dolencias, atraían el amor para siempre o lo volvían a uno más inteligente y fuerte.
Este contrasentido que surge de la intención de catalogar de ángel o demonio al servicio que presenta la red en la actualidad, básicamente se viene dando a lo largo de la historia de la humanidad en diferentes situaciones de evolución cultural. A partir de la primera célula social –que es la familia- se puede inmediatamente advertir al menos uno o dos ejemplos de los numerosos que pueden surgir materializando una verdadera paradoja.
Y para que no haya dudas cito un ejemplo (de los infinitos existentes) en el que usted deberá evaluar con la mano en el corazón si se siente involucrado. Si no es así, póngase contento:
A nosotros, los usuarios de la red
-Nos encanta observar proezas deportivas en el monitor acompañados de nuestros hijos. Esto nos hace sentir orgullosos de poder compartir conocimiento y al mismo tiempo, destinarles los minutos necesarios al asunto de ser padres.
No obstante, a la hora en que los niños nos “convidan” a jugar un rato de fútbol a la plaza, buscamos inmediatamente una excusa para salir airosos de la situación si haber movido ni un músculo. Que el mal clima…, que no es adecuado el momento…, que otras responsabilidades mayores… etc. Seguro que en Internet encontraremos la frase de algún sicólogo que nos de sosiego a la hora del remordimiento.
A partir de este simple ejemplo, tómese UD el trabajo -a mi me resulta tedioso por ser justamente usuario de la red- de trasladarlo a otros ámbitos (hogar, trabajo, sexo, negocios), y descubrirá con la certeza de un arquero medieval que Internet se encuentra ahí, a disposición como cualquier hábito, que podría transformarse con suma facilidad en vicio si cometemos el error de creer que la solución a todo, como dijo el suegro, se encuentra en Internet.
Viene bien también reflexionar un poco acerca de la relación de diferencia abismal que se refleja al comparar la evolución del hombre (natural), con la evolución de la tecnología (artificial) y descubrir que la celeridad con la que sucede ésta ultima termina haciendo pensar que, de no haber sucedido ya, no faltará mucho para que tanto abrumador progreso termine siendo beneficioso sólo para unos pocos elegidos.
En consecuencia, recomiendo humildemente redescubrir la naturaleza, a la que tanto tiempo le llevó su evolución para ser tan perfecta, y revertir la ecuación que nos ha llevado a creer que Internet es el único exceso permitido.
Este hallazgo nos llevará a reestablecer el equilibrio para no ser esclavos de la red, y encontrar que en la plaza mientras juega fútbol con su hijo sin un joystick que lo separe del campo de juego, acaso encuentre esa amistad que estaba buscando, o ese socio de los negocios, o ese amor… sin contar con una tabla de probabilidades en el monitor que nos garantice si habrá éxito en la relación.
Puede llegar a ser divertido.



Comentarios
Envíanos tus opinión. Recuerda completar todos los campos del formulario.
Apodo:
E-Mail
Comentario
Ingresa los Caracteres del Código de Seguridad
Entrar
Calificación
Valoración del artículo: 3
Cantidad de Votos: 1